-Ah, ¿y la de pisos? Es un día de estos, ¿no?
-No sé.
-¿Quieres venir a la de novias? (Risas)
-No, no. Yo, a la de pisos. (Risas)
Bien, he llegado a destino. Tras recoger mi acreditación –gracias a súper Tabarnero y a su amiga Silvia el mal trago de prensa pasa deprisa-, voy directa al bar y a la barra. “Un zumo, por favor”, le pido al camarero. Mierda, pese a estar en una jarra de zumo natural, es de bote. Odio el zumo de naranja de bote. Está amargo, como la cerveza. Tampoco me gusta la cerveza, ni el café… ni nada que esté amargo, claro. La amargura para quién la quiera. En fin, allí reconozco a varios periodistas conocidos. Y entre ellos, mi preferido. Habla con una bella mujer. Es ahora, contemplándola, cuando me arrepiento de no haberme calzado los stilettos –pero calla, bici+bus+prensa no es igual a tacón de aguja. Bastante hago con mantenerme en pie en un mundo como el de la moda. Él no me ve, pese a que hoy mismo le he enviado un mail con una bonita declaración de intenciones. Podría acercarme pero… pasó mi oportunidad. “Tranquila, algún día se fijará en ti”, me convenzo.
Ya de vuelta, la soledad aún es más intensa. Subo al autobús-lanzadera. Esta vez conduce un chico joven que enseguida me da conversación:
-10 minutos y nos vamos (se inclina)
-Vale. (envío mensaje de agradecimiento a súper Tabarnero)
- Desfilaba alguien importante hoy, ¿no?
- Sí, Rosa Clarà.
- (gesto de indiferencia)
-Es muy conocida en la moda nupcial.
- Estos de Pronovias tienen un local por ahí por El Prat, ¿no?
- Sí, sí… (No van a servir de nada tus aclaraciones).
- Yo, cuando me casé, le dije a mi mujer: “Hasta aquí”. Gastarse un pastón para una sola vez... Porque es lo que digo, sólo es una vez. Te gastas un pastón en una cosa así y luego, para algo importante, te lo piensas muchísimo. Lo que pasa es que las mujeres van con las madres y se lían…
-Pues sí. Pero bueno, es la ilusión de la novia.
- Yo, mi traje…
-Bueno, es que en el caso del hombre es mucho más fácil aprovechar el traje de novio.
- Ya. Aunque ahora también hacen vestidos de novia así como de Ibiza… En mi caso, el pantalón de la boda de tanto usarlo ya parece de todos los días. La americana también me la he puesto muchísimo. Y la camisa, es la única, que sigue acartonada en el armario porque tiene los puños distintos. Aunque sí que podría ir al sastre y que me cortara un poco por aquí (me indica)…
- Oiga, no sube mucha gente a la lanzadera ésta. ¿No?
-Bueno, yo antes he venido lleno. Pero no sé. Vaya lujo, ¿eh? Un autobús sólo para ti. ¡Como una reina!
- (Risas, ha conseguido alegrarme el día)
- Pero, oye. Para venir aquí hay que venir vestido de boda. O sea, no de novio sino de invitado. Porque es que aquí la gente iba muy arreglada. Las tías se han pasado el día en la peluquería y maquillándose.
- Sí, algunos se pasan. Pero ten por seguro que quien más quiere aparentar es quien más lo necesita (lo digo en voz alta pero me lo digo para mí misma).
- Yo se lo he dicho a uno: “Pero dónde vas así vestido, tío.”
-Pues no le habrá hecho mucha gracia el piropo…
-No, sí. Se ha reído. Me ha contestado que para ir a estos sitios hay que ir así. Pero yo te digo una cosa, si a mí me invitan algún día a esto, yo, en tejanos. Lo que pasa, creo, es que como las tías iban tan puestas pues tú tampoco puedes ir mal.
- Es que los centímetros de los tacones impresionan mucho.
- Sí. Y eso no puede ser bueno. Digo los tacones. Porque el pie así... (reproduce la posición del pie con la mano mientras se olvida de poner el freno de mano y choca levemente con un coche amarillo de autoescuela).
- Ui, ¿le ha dado? (Hemos golpeado el culo de un coche de autoescuela)
-No, no pasa nada -no había puesto el freno de mano. Lo que te decía es que yo a veces veo mujeres mayores de 60 años súper bien arregladas y con un taconazo y me pregunto cómo aguantan todo el día. Yo, con unos amigos, una vez me disfracé de mayorette (y ganamos) y un dolor de pies con los tacones…
- Los tacones de cierta altura sólo son para las ricas (NO HE VOTADO Al PARTIDO DE CAYO LARA, en serio).
- Pues ya hemos llegado. Un placer. Mucha suerte en todo.
- Gracias. ¡Qué vaya todo bien!
|